GRADIVA, La que avanza

"GRADIVA, la que avanza"
Mercedes García Bravo
Óleo/ lienzo
80 x 80 cm

Disponible. Consultar

" Gradiva: una fantasía pompeyana" es una narracion del escritor aleman Wilhem Jensen, publicada en 1903.

Es la historia de Harold, un joven arqueólogo que se enamora de la figura femenina que aparece en un bajorrelieve que ve en un museo de Roma. Harold consigue una copia en escayola del bajorrelieve y lo coloca en su estudio.

Obsesionado por la figura que camina hacia adelante con el vestido flotando en el aire, a la que llama GRADIVA o "la muchacha que avanza", se convence a sí mismo de que la puede encontrar en Pompeya. La mujer que encuentra, caminando tranquilamente a su lado resulta ser Zoe, el amor de su infancia, quien fingiendo aceptar su delirio, intenta curarle.

Molde en escayola de "Gradiva" comprado por Sigmund Freud en el museo Vaticano en 1901. Freud Museum, Londres.

En 1907, Freud publicó un estudio sobre la obra titulado El delirio y los sueños en la "Gradiva" de W. Jensen, que se tradujo al francés en 1931, momento en que llamó la atención de Breton.

Cuando los surrealistas abrieron su propia galería en 1937 (rue de Seine), dirigida por Breton, la llamaron "Gradiva" y las siluetas de las figuras femenina y masculina sobre las puertas de cristal fueron diseñadas por Marcel Duchamp. El cartel que anunciaba su apertura decía:
"Gradiva. Este nombre, tomado de la maravillosa obra de Jensen, significa sobre todo "La que avanza" ¿Quién puede ser "la que avanza" sino la belleza del mañana (...)"

El "avance" de Gradiva era una metáfora del arte "avanzado", pero tambien de la noción que tenían los surrealistas de la mujer como musa del artista.
Bajo el rótulo con la palabra "GRADIVA" en la fachada de la galería aparecían, precedidos de la expresión comme ("como"), una serie de nombres de mujer, sin apellidos: Gisèle, Rosine, Alice, Dora, Inès, Violette y Alice. Se trataba de mujeres que participaban del movimiento surrealista, como Dora Maar, Alice Paalen y Gisèle Prassinos, y de mujeres que "admiraban", como Violette Nozières, condenada a muerte por envenenar a sus padres.

En 1939, André Masson -uno de los surrealistas que había roto con Bretón tras la crisis del grupo, pintó su Gradiva, mitad carne-mitad estatua, en un espacio cubista y fracturado.

1 comentarios:

Admirabilísima dijo...

Ah excelente escrito mercedes. Ahora se más de Gradiva, más allá de Freud. saludos

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